jueves, 21 de agosto de 2014

¿Te acuerdas de cuando te arreglabas para salir a la calle?

Leo y mamá en Hamburg

Esta mañana llamamos al pediatra de urgencias -porque Leo se queda con hambre tras las tomas y no sabíamos qué hacer- y nos dio cita para media hora más tarde.  Tardamos unos 15 minutos en darle el pecho, vestirle, preparar la maletita de los pañales, lavarnos la cara y cepillarnos los dientes, vestirnos (Juanma pudo ducharse) y salir corriendo.

Mientras me cepillaba los dientes pensé que no recuerdo cuándo fue la última vez que me arreglé para salir.  Arreglarme, se entiende, comprende ponerme la crema de día, la solar anti-manchas, un poquito de blush, un lápiz negro en los ojos y un poco de máscara en las pestañas.  Las cremas no las dejo, aunque tenga que levantarme temprano y acostarme tarde para ponérmelas, me salieron incontables manchas en el embarazo y tampoco es plan quedarme con la cara en plan mapamundi, pero el maquillaje...me va a salir barato por lo menos en el próximo año.

Mi madre y mi abuela siempre me decían: "vístete y arréglate aunque sea para quedarte en casa que tu marido cuando regrese no va a querer encontrarse con la misma somnolienta empijamada que dejó por la mañana"... totalmente de acuerdo.  No por mi marido, que es un santo varón que finge a veces no ver, sino por mi misma, me encantaría vestirme y arreglarme todas las mañanas...pero algunas veces es imposible.

Entendámonos, vestirme, me visto, nunca me quedo en pijamas, eso me lo enseñó mi padre desde la más tierna infancia; como he dicho ya, me lavo muy bien y concienzudamente la cara y me aplico mis cremas, pero arreglarme, lo que se dice arreglarme...eso no lo hago hace tiempo.  Ahora que he vuelto casi a la normalidad, los vaqueros son mis más fieles compañeros; una camisetilla y una sudadera o un jersey, unas botitas de verano, unos converse o unas sandalias cómodas y pa la calle que nos vamos!  nada de vestiditos monos perfectamente conjuntados con los zapatos o las botas, los pendientes, el bolso y cualquier otro accesorio que lleve encima, visible u oculto.

Tengo tres pares de pendientes "de cabecera" en el espejo del baño y me pongo casi siempre los mismos, vayan o no conjuntados con el resto del vestuario; uso maquillaje tan pocas veces que cuando lo uso y me descubro en el espejo del supermercado o de cualquier tienda, me sorprendo de lo que me cambia la cara...

Soy la misma que tenía que despertarse una hora antes de salir al trabajo para arreglarse, para conjuntarlo todo y desayunar tranquilamente (ay! los desayunos! ya hablaremos de los desayunos!) soy la misma, pero convertida en mamá.  ¿Estoy más fea o menos guapa? segurísimo que sí, pero mi niño sí que está preciosísimo y es muy feliz, de modo que me da exactamente, pero exactamente igual ir a los sitios con la cara lavada y tener que arreglarme en cinco minutos, al fin y al cabo, mi Leo sí que va siempre perfecto y además, no hay ningún look, por descabellado que parezca que unas buenas gafas de sol de aviador no puedan solucionar.

2 comentarios:

  1. Hola Vero. Leyendote me ha venido a la cabeza ese día en el que por casualidad nos encontramos en el Corte Inglés de Nervión, y me dijiste ¿pero que guapa estás? ¿que te has echo?, ¿lo recuerdas?. Mi respuesta fue, pues mira he tenido algo de tiempo hoy y me he pintado.... yo en los últimos 7 años he ahorrado una barbaridad en cremas, maquillajes varios... pq he preferido gastar mi tiempo en mis 3 soles, y dejar a un lado la faceta de 'chica mona' que cada vez está más lejana en el tiempo.... ;) . Tranquila, llegará un momento en que tu pequeño donete karateka te volverá a dejar tiempo para tí!! y entonces volverás a ser la preciosa chica de antes. Un besote.

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  2. Gracias Inma! ;)

    Es verdad, la maternidad se nota hasta en eso!! esta mañana he ido a desayunar con otras madres con las que nos juntamos para que los niños jueguen y como mi Donete había montado un show por la mañana, no tuve tiempo ni de pensar en qué ponerme y salí con los vaqueros y una camiseta!! De camino, sin embargo, iba pensando en que todas estamos igual y efectivamente, cuando llegué estábamos todas de vaqueros y camiseta. Los niños, eso sí, preciosísimos y perfectísimos como soles!!! Qué alegría y qué refrescante dejar de preocuparse por una misma, por las pequeñas y grandes cosas que nos preocupaban en el pasado y abandonarnos a la contemplación (y lo que no es contemplación) de nuestros pequeñajos!!

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