martes, 23 de junio de 2015

Llevo un año en pijamas

El 27 de mayo cumplimos un año en Bremen, Leo y yo, porque Juanma llevaba más tiempo aquí.
La celebración de ese aniversario coincide con otro, simbólicamente, más importante, si cabe. Llevo un año en pijamas, ¡un año! ¡Se dice pronto!

Al principio intenté vestirme todos los días, unos vaqueros y alguna camisetilla, lo que sea, pero vestirme.  Al poco tiempo, la tarea probó ser imposible, o más bien, imposible teniendo en cuenta el "estilo de vida" que llevamos.

Desde antes de que naciera Leo habíamos optado ya por el "attachment parenting" (la traducción al español es "crianza con apego") y nos habíamos convertido en seguidores -prudentes- del Dr. Sears y de Carlos González.

De modo que Leo duerme en una cuna de colecho, pegada a nuestra cama y se levanta todas las mañanas pegadito a su mamá, o sea a mi. Sigue tomando el pecho así que lo primero que hacemos cuando nos levantamos, tras saludarnos con abrazos, besos, sonrisas, risas y a veces hasta alguna canción, es desayunar.  Mientras Leo toma el pecho, yo cojo fuerzas para levantarme cuando termine.

En cuanto termina de tomar el pecho, me levanto, me quito el camisón y me pongo un pijama, sí señoras, como lo leen.  Al principio pensé en optar por unos vaqueros cómodos o aunque sea, un chándal, que ya es más digno que un pijama, pero no, los pijamas resultaron ser la opción más suave, las más versátil -recordad que paso largas horas jugando sentada en el suelo- la más calentita y la más cómoda.

Pero bueno, sigo.  Una vez que me he puesto mi pijama -para empezar el día, no para terminarlo- me llevo a Leo a la ducha, le doy un bañito, le cambio el pañal, le visto y nos vamos a la cocina donde le preparo el segundo desayuno (leche y algún bocadillo o galletas con queso) y yo echo en un cuenco unos cereales con leche para mi y vámonos que nos vamos, empezamos nuestro día.

Mientras hago alguna cosilla por casa, Leo me sigue con sus enormes ojos asombrados e intenta "ayudar" en lo que haga falta.  Ayer, por ejemplo, aspiré con él fuertemente agarrado del tubo de la aspiradora, muy serio, mientras me cogía de la mano para no caerse.  Luego ponemos una alfombra con las letras y los números, suavecita, por si nos caemos en el clímax de la diversión, sacamos algunos juguetes del baúl y algún que otro libro y al suelo que vamos, a jugar!

Mientras duerme su siesta del medio día, me pongo con la Tesis, leer o escribir, en la mesa del salón o la del dormitorio, muy cómoda con mis pijamas!

Preparo la comida y cuando se despierta comemos.  Si vamos al parque o a correr, me pongo unos vaqueros o unas mallas y cuando regreso, me ducho y vuelvo a mis pijamas!

Las que me conozcáis y estéis leyendo esto, no os lo podréis creer, claro, hay quien dice que jamás he repetido vestido o zapatos, una exageración sin duda, si bien la verdad es que tenía dos armarios llenos de vestidos, faldas, pantalones, abrigos, jerseys, blusas y todos los complementos posibles e imaginables y ahora, además de mis preciosos pijamas, tengo un par de vaqueros e igual número de camisetas de manga corta y larga, en invierno un abrigo superpoderoso y un sombrero a lo Audrey Hepburn y en primavera/verano una chaqueta de piel...ya está.  No uso pendientes y llevo el pelo corto como si fuera un chico...un look "interesante" diría Juanma.

La maternidad es un cambio espiritual...y se nota en todo...a mi, se me nota en los pijamas! :)

No hay comentarios:

Publicar un comentario